martes, 11 de febrero de 2014

EL PAPÁ CANGURO



Santiago Roncagliolo acaba de publicar “El gran escape”, la historia de un canguro, libro con el que ganó el más importante premio de literatura infantil en el Perú. Como el protagonista del relato, el escritor también estuvo perdido mientras aprendía a ser padre.

“Mu-é-ve-te”, canta Santiago Roncagliolo con un dudoso acento puertorriqueño. En un video que aparece en la pantalla de su iPhone, Alicia, su hija de 2 años, intenta encadenar las rimas de “Atrévete-te-te”, el pegajoso hit de Calle 13. Sentado al lado de su padre, Mateo, de 5 años, se suma al coro con un dejo más sospechoso que el del escritor. El fugaz concierto termina treinta segundos más tarde entre aplausos y carcajadas. ¿Cómo aprende a ser padre un escritor peruano que de niño formó parte de una familia en el exilio?

Roncagliolo se define como un negociador, un padre con atisbos zen, cuyo pensamiento se define en una frase: “Pueden conseguir lo que les haga falta si están dispuestos a dar algo a cambio”. Cuando sus dos hijos pelean por el iPad o el control de la TV, evita intervenir como juez o árbitro. Él prefiere impulsar el diálogo desde una posición neutral, casi etérea: las relaciones personales maduran cuando ambas partes están dispuestas a ceder, incluso cuando se trata de un niño de 5 años y una niña de 2. “Quiero que sean autónomos, libres y responsables. Y creo que está funcionando”, añade.

Para este padre de 38 años, los tabús no los crean los niños, sino los adultos y su obsesión por hacer complicadas las cosas más simples. Él prefiere responder –con franqueza, aunque también con tino– las inquietudes más simples y complejas de Mateo. ¿De dónde vienen los niños? De una relación entre dos personas que se quieren. ¿Por qué la señora de la TV está desnuda? Porque es una escena de sexo. “Las cosas, explicadas con naturalidad y sencillez, se entienden. El problema son los padres, no los hijos”, reflexiona.


Además de escritor y periodista, Roncagliolo ha sido guionista, traductor y hasta “negro literario”. Uno se podría preguntar qué podría exigirles académicamente a sus hijos un artesano de las letras en español. Él responde solo tres cosas: ser sociables, creativos y hablar más de un idioma. El autor –hijo del sociólogo y excanciller Rafael Roncagliolo y de la lingüista Catalina Lohmann– cree que un padre no debe preocuparse tanto por la profesión que ejercerán sus hijos, sino, sobre todo, por las cualidades que les permitirán ganarse la vida solos al margen del oficio que elijan.

ENSAYO Y ERROR

En agosto de 2011, Roncagliolo relató en una entretenida crónica la desesperación que –lejos de la ternura que vende la publicidad– marcaron sus primeros días como padre de Mateo, entonces un bebé que hacía lo único que saben hacer los bebés: llorar hasta cansarse para volver a llorar. “Acabas de cometer el peor error de tu existencia, y es un error que te acompañará, en el mejor de los casos, de por vida. Lo único positivo, en medio de esos sombríos pensamientos, es que valoras más a tus padres. Específicamente, valoras que no te hayan arrojado por la ventana mientras podían. Y no importa qué tan tirante sea tu relación con ellos, o qué conflictos hayan tenido en el pasado, empiezas a sentirte realmente agradecido por ello”, escribió Santiago en el artículo titulado “Los primeros 100 días de un papá”.

No ha sido fácil. Santiago, un inmigrante que radica en España, a miles de kilómetros de su familia, ha aprendido a punta de ensayo y error. Tras visitar al pediatra con la misma frecuencia con la que se cepillaba los dientes, el escritor comprendió que la única forma de convertirse en padre era a través de la experiencia. Poco a poco, la angustia se transformó en satisfacción, el estrés en un tipo de gozo difícil de explicar. “Un papá se emociona con un sonido gutural carente de sentido, un fallido intento de gatear o un gesto efímero del niño. Para alguien sin hijos podría ser una bobada, pero para los que somos padres, no”, admite el escritor.

“Tener hijos es la experiencia más plena y también la más divertida que he vivido. La prueba está en que he reincidido”, sentencia. “Con Alicia las cosas fueron más sencillas. Para el segundo niño ya estás entrenado, relajado. Es más agotador tener dos chicos, pero lo tomas con más tranquilidad”, apunta ahora tras beber un sorbo de café.

LEJOS DE CASA

Santiago acaba de publicar “El gran escape” (Editorial SM), un libro infantil sobre un canguro que se siente extraviado en la sabana artificial de un zoológico. “Hugo, el canguro, es un error administrativo. Es extraño, diferente”, cuenta. Santiago cree que, en más de una ocasión, su vida ha sido como la del marsupial de su relato. De niño creció como un extranjero en México, durante el exilio que vivió su padre durante el Gobierno militar de Francisco Morales Bermúdez. En Europa llegó a limpiar casas mientras se hacía un camino como escritor. Hoy, a sus 38 años, aún intenta adaptarse a la agitada vida de Barcelona, mientras sus hijos crecen y estudian en catalán.

Con “El gran escape” ganó el premio Barco de Vapor, máximo galardón en textos infantiles que otorga en el Perú la casa española Grupo Editorial SM. Al margen del prestigio y el premio, él rescata la satisfacción de haber escrito un cuento en familia: Mateo y Alicia fueron sus primeros y más severos críticos. La sinceridad de los niños es una cualidad que hoy, en un mundo de apariencias y buenas formas, quisiera ostentar más de un adulto. “Con ellos iba probando qué animales funcionaban y cuáles no. Lo que no resultaba, lo quitaba”, apunta Santiago. Así fue como el libro, que comenzó como un trabajo literario de disciplina y rigor, se convirtió de pronto en una divertida aventura familiar.

Hoy, en un departamento de Miraflores, Santiago y Mateo celebran juntos el éxito, mientras ensayan muecas para unas fotografías. Ríen echados sobre la alfombra, y practican la próxima coreografía que harán al lado de Alicia, probablemente al ritmo de Calle 13.

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